
Muchas veces se piensa que luego de haber tenido un primer hijo por vía de una operación cesárea, el segundo o los siguientes deberán nacer de la misma forma. Y si bien es un criterio compartido por una parte de la comunidad médica, no es cierto que siempre deba ser así, y en todo caso se evalúan distintas cuestiones.
En primer lugar, hay que ver cuáles fueron los motivos para una primera cesárea. Si persisten las condiciones, es probable que la historia vuelva a repetirse. Además, existe cierto riesgo – aunque bajo – de que la cicatriz anterior se desgarre con las contracciones uterinas.
Luego hay que evaluar el estado de salud general de la madre, la progresión en la dilatación del cuello del útero, el estado del bebé y que no haya sufrimiento fetal. Reunidas estas condiciones, aún es viable un parto vaginal.
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