
En el otoño es común encontrar en el mercado frutos secos como almendras, nueces, avellanas y otros. Si bien son sumamente saludables por sus composiciones orgánicas, lo cierto es que la ingesta en niños menores a cinco años debería evitarse o al menos limitarse, ya que son riesgosos.
Ocurre que los dientes y muelas de niños pequeños no pueden moler lo suficiente los frutos secos, que se caracterizan por ser duros. Por ello, hay un alto riesgo de que los niños sufran atoramiento y hasta asfixia, que en casos aislados puede ser mortal.
Dado que los niños no pueden triturar debidamente estos frutos, pedazos de un tamaño considerable pueden aspirarse y pasar al pulmón, obstruyendo la vía respiratoria y alojándose en un bronquio.
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