
En la actualidad, es preocupante la epidemia de obesidad que se registra en todos los países desarrollados, y buena culpa de ello la tiene la falta de actividad física. A una alimentación deficiente, se le suma el hecho de que la mayoría de los niños pasa sus horas libres en actividades sedentarias.
Los padres son capaces de estimular a sus hijos a realizar actividad física, ya que es algo que se dispersa en la familia: cuando los padres se activan, lo hacen también sus hijos y todos – niños y adultos – salen ganando en salud y en vínculos fortalecidos.
Un estudio del National Jewish Health de Denver – Estados Unidos – determinó que el nivel de actividad física entre padres e hijos se correlaciona, y más aún en los fines de semana cuando la familia tiene más tiempo para compartir.
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