
Mucho hemos dicho ya de los beneficios de la lactancia. Pero la ciencia sigue investigando, sólo para descubrir más ventajas para los bebés y las mamás que juntos viven esta experiencia.
En este caso, son las mujeres las beneficiadas ya que la lactancia ejerce un efecto protector contra la diabetes tipo 2, una enfermedad que es casi una epidemia ya que se asocia al sobrepeso y los malos hábitos de alimentación y de vida.
El estudio de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) cuyos resultados se publican en la edición de septiembre del ‘American Journal of Medicine’, descubrió que el 27% de su grupo de mujeres estudiadas había tenido hijos, y ellas tenían más del doble de posibilidades de desarrollar la diabetes 2 que aquellas mujeres que no tuvieron hijos o que fueron madres que amamantaron.
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Puede darse el caso de que algunos bebés tengan su frenillo lingual acortado, lo que médicamente se denomina anquiloglosia. Si bien no es para nada una situación de gravedad, puede que esta condición dificulte y hasta impida la lactancia.
El frenillo es el pliege vertical de la mucosa oral que se une a la lengua. Si esta membrana es demasiado corta, el bebé no puede sacar bien la lengua y por ello será sumamente difícil para el sino imposible amamantarse. Para asegurar su nutrición adecuada, hay que darle biberón.
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La ciencia médica ha avanzado tanto que hoy las mujeres infectadas con VIH pueden reducir considerablemente las posibilidades de que su hijo nazca con el virus, y además la novedad es que tienen la posibilidad de recurrir a la lactancia como método de alimentación de su bebé.
El inicio temprano del tratamiento antirretroviral es la clave de todo, y el mismo tratamiento debe mantenerse mientras perdure el período de lactancia para evitar que el bebé se contagie, pero al mismo tiempo reciba todos los beneficios de la leche materna.
La guía 2010 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el tratamiento de mujeres embarazadas con VIH y la prevención de contagio a sus hijos, promueve precisamente todas estas cuestiones. Entre las nuevas recomendaciones, la OMS indica que la lactancia debe propiciarse cuando la mujer puede acceder a los antirretrovirales y a un adecuado seguimiento médico.
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Hace algunas semanas pudimos conocer otro efecto benéfico de la lactancia, y es que los bebés alimentados de esa forma son capaces de controlar mejor la cantidad de alimento que reciben, con lo cual en un futuro tienen menos posibilidades de padecer de obesidad al no exagerar las porciones de su comida.
Otra forma más de la leche materna de proteger a los bebés de la obesidad se relaciona con el hecho de que esta leche contiene leptina, una sustancia de la que carece la leche de fórmula. Un grupo de científicos de del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, que dirige el profesor Andreu Palou desde la Universidad de las Islas Baleares (UIB), ha identificado el efecto protector que tiene la leptina, presente en la leche materna, para proteger en un futuro al bebé de la obesidad y otras complicaciones que pueden darse más tarde en su vida.
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Mucho hemos hablado ya de lo malo que es fumar en el embarazo, pero ¿qué ocurre si la mamá retoma el hábito mientras está amamantando a su bebé? Como era de esperarse, es igualmente negativo.
La nicotina pasa a la leche materna, si bien no en cantidades tóxicas, sí lo suficiente para tener un efecto estimulante en el bebé que le da menos predisposición al reposo y al sueño.
Además, la nicotina provoca una disminución en la producción de leche materna.
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Muchas veces, en especial en los primeros tiempos de la lactancia, las mamás no saben qué hacer si se enferman, por ejemplo con una gripe o resfriado. La cuestión es que temen contagiar el virus a sus bebés si continúan ofreciéndoles el pecho, pero por otra parte el niño necesita seguir alimentándose.
La lactancia no debe interrumpirse por gripe en ningún momento, porque provee al bebé de defensas que lo ayudan a combatir enfermedades, justamente. Es decir que si se contagia cursará la infección en forma leve, o no la cursará.
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Otra ventaja más para la leche materna: tiene un efecto protector contra la obesidad. Tal parece que un estudio realizado por la Dra. Ruowei Li, epidemióloga médica de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU, determinó que los niños amamantados durante sus primeros meses de vida tienen mayor capacidad para regular cuánto comen más adelante.
Como ya hemos visto, la prevención de la obesidad debe comenzar en la infancia, y parece que la lactancia ayuda a que los niños sepan regular sus porciones en el futuro. La primera infancia tiene un impacto crucial en esta autorregulación, indispensable para mantener un peso saludable toda la vida.
Básicamente, el estudio comprobó que los niños que tomaron leche materna en sus primeros meses, no terminaban su vaso o biberón de leche de fórmula cuando llegaban alrededor del año de edad. Quienes siempre habían sido alimentados con leche de fórmula, se mostraban con mayor apetito.
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Una de las mejores formas de prevenir las infecciones respiratorias, que en los recién nacidos no sólo son frecuentes sino que además pueden revestir gravedad, es a través de la lactancia.
Una vez más, la forma más natural de alimentar a un bebé es la que brinda más beneficios, en este caso evitando en buena medida las posibilidades de que el recién nacido contraiga una infección de las vías respiratorias.
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El cuerpo necesita un tiempo para reponerse del desgaste que supone un embarazo, razón por la cual en la lactancia es conveniente estar al tanto de la mejor forma de controlar la natalidad, para poder dedicarnos de lleno al nuevo bebé.
Si bien las hormonas de la lactancia ejercen cierto efecto anticonceptivo, es un mito que la mujer no pueda embarazarse mientras da el pecho. Todo el mundo conoce algún caso en lo que ello haya ocurrido.
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Un estudio llevado a cabo en la Universita Federico II de Nápoles, Italia y publicado en la revista Pediatrics llegó a la conclusión de que aquellos bebés alimentados a pecho están protegidos de la fiebre que suele producirse luego de una vacunación.
Los bebés reciben en sus primeros meses de vida una batería de vacunas que previenen la aparición de toda clase de enfermedades graves, algo que a lo largo del siglo XX y lo que va del actual, ha logrado reducir considerablemente la muerte infantil.
Sin embargo, la respuesta inmune que se produce tras una vacuna suele provocar fiebre. Pero aquellos bebes amamantados por sus madres tienen menos posibilidades de que esto ocurra, y aún si así se da, es un episodio de fiebre de menor duración.
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