
Durante el último mes de embarazo una prueba se destaca por su importancia en la salud del bebé, se trata del monitoreo fetal. Para ello, se utiliza un instrumental denominado cardiotocógrafo que mide parámetros vitales como la frecuencia cardiaca del feto, las variaciones del flujo sanguíneo o las contracciones del útero.
Además, es posible comprobar la vitalidad del feto viendo si se mueve si su madre ingiere algo con azúcar, o si se realizan ciertas maniobras sobre el vientre.
La monitorización fetal externa es más común, y para ello se coloca un cinturón alrededor del vientre materno que mide los parámetros. Muchas veces, se utiliza durante el trabajo de parto para verificar que el niño lo esté llevando bien y no se requiera un procedimiento de urgencia porque por ejemplo, descendió su frecuencia cardiaca a niveles peligrosos.
Durante el último mes, el monitoreo se realiza en forma semanal, pero en la última semana se hará cada tres días hasta que comience el trabajo de parto o inducción. Una vez comenzadas las contracciones de parto y cuando ya la mujer se encuentra en la maternidad, es probable que permanezca conectada al monitor casi todo el tiempo.
La frecuencia cardiaca esperable en el bebé durante el trabajo de parto es entre 120 y 160 pulsaciones por minuto. Por encima o debajo de esa marca, puede haber complicaciones.
Existe también un monitor fetal interno que se coloca sobre la cabeza del feto ya durante la labor, pero debido a que puede ocasionar algunos daños en las paredes del útero o cuello uterino no es frecuente, aunque en algunos casos se utiliza por ser más preciso.
Vía: Hola
