
Dentro del protocolo más tradicional para la atención del embarazo, trabajo de parto y parto, una práctica común es la del tacto vaginal.
Se realiza para conocer por ejemplo cual es la posición del bebé o si existe el riesgo de un parto prematuro, y para ello el obstetra introduce los dedos índice y medio en la vagina, para examinar las estructuras pélvicas mediante las paredes de la vagina.
En los últimos días del embarazo y ya en trabajo de parto, el tacto vaginal permite conocer la consistencia, longitud y dilatación del cuello uterino. Asimismo el descenso y rotación de la cabeza del bebé.
Sin embargo, muchas veces esta práctica se realiza reiteradas veces por ejemplo durante el trabajo de parto, y en muchos casos es más de una persona la que lo realiza, por ejemplo, el obstetra y la matrona. Quienes defienden el parto natural, critican entre otras cosas estas prácticas.
¿Cuáles son los riesgos del tacto vaginal? Se desaconseja cuando la bolsa amniótica se rompe, y permanece así de 12 a 18 horas. Si el médico decide proceder con un tacto vaginal solo causaría un infección.
Ante un tacto vaginal, las bacterias en la vagina podrían ser arrastrados hasta el útero, infectando la placenta y las membranas que recubren al bebé.
Por ello, siempre debe ser fluida la comunicación con el obstetra, para estar al tanto de todo lo que realiza y la razón para ello.
Vía: El Embarazo.net