
Mientras que la Organización Mundial de la Salud considera que sólo el 10% de los nacimientos deberían producirse por una operación cesárea, lo cierto es que la cifra en muchas ciudades es altamente superior, en especial en maternidades privadas, aumentando considerablemente el riesgo para la madre y el hijo.
El temor de los profesionales a recibir denuncias por mala praxis es una de las principales causas por las que indican a sus pacientes una cesárea aún en casos en los que no es necesario.
Debido a mayores exigencias de los pacientes y al incremento en los juicios por mala praxis es que, aunque nadie lo reconozca oficialmente, los obstetras se quedan más “tranquilos” si practican una cesárea, ya que de alguna manera tienen algo más de control de la situación. Es lo que se conoce como “medicina defensiva”.
La especialidad de tocoginecología de hecho es rechazada por muchos estudiantes de medicina por el hecho de estar más expuestos que otros médicos a este tipo de juicios.
Lo cierto es que este temor diseminado por los profesionales de la obstetricia lleva a que muchas mujeres enfrenten una cesárea innecesaria, no siendo informada debidamente de los riesgos, y en todo caso, de todas las posibilidades con las que cuenta la ciencia para asistir la llegada al mundo de su hijo.
La mejor herramienta que podemos tener para defendernos, es la información, que permitirá exigir al médico el trato que merecemos.
Vía: Bebés y Más
