
A pesar de que los flamantes papás no deben lidiar con los cambios hormonales que atraviesan sus parejas, lo cierto es que la depresión posparto no es privativa de las mujeres.
El cambio radical que genera la llegada de un hijo desencadena en muchos hombres un estado depresivo, asociado con la presión que implica una responsabilidad tan importante, y el hecho de sentirse poco útiles y hasta desplazados en el rol que sus esposas están estrenando como madres.
Una investigación publicada en la revista Pediatrics indica que el 10% de los padres de recién nacidos sufren este trastorno, similar al ya conocido en las puérperas.
Este estudio que se centró en la depresión posparto le quitó peso al factor hormonal, y en cambio descubrió que otros, tales como antecedentes de depresión, desacuerdos de pareja o problemas relacionados con lo financiero son disparadores de este tipo de depresión, lo que indica que no son privativos de las mujeres.
El desplazamiento de la atención de la esposa y todo el círculo familiar hacia el bebé puede ser uno de los causales de este problema. Además, temen no cumplir con lo que su esposa y la sociedad espera de ellos como padres, sumado a la tendencia de los hombres a no exteriorizar sus sentimientos, agravando el cuadro.
“Desde el embarazo, el hombre pierde la posibilidad de tener un espacio y tiempo propio, sobre todo una cómplice y amante exclusiva. Y con el bebé, las necesidades individuales de los padres quedan olvidadas, tanto que el tiempo para las actividades de pareja desaparecen”, explican los expertos.
Algunas medidas que podemos tener en cuenta para evitarla, son: fortalecer la relación de pareja durante el embarazo y en el posparto, reconocer y validar la presencia del padre como pareja que apoya, brindar los espacios del papá con su bebe en las actividades de cuidado y en las demostraciones afectivas por medio de la lectura, el diálogo, el juego, el contacto físico y el apoyo incondicional, mantener espacios propios y comunes de esparcimiento a nivel individual y de pareja, brindar un momento para que los hombres hablen libremente de sus temores, angustias, dificultades y miedos frente a la nueva responsabilidad, realizar actividades de pareja como las salidas a cine, a comer y una sexualidad activa después de los 40 días.
Irritabilidad, tristeza, llanto, problemas para dormir o concentrarse en las tareas, como así también alteraciones en los patrones de alimentación, migrañas, palpitaciones y disminución del deseo sexual, son algunas señales de alarma que pueden motivar la consulta al especialista.
Vía: ABC del bebé

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