
Muchas futuras mamás escuchan hablar de la amniocentesis como algo muy complejo y hasta peligroso, pero lo mejor en estos casos es estar informado.
Se trata de un estudio de diagnóstico prenatal, por el cual se extrae una muestra de líquido amniótico para analizarla. A través de ella, se pueden detectar tempranamente diferentes enfermedades genéticas o anomalías cromosómicas, como el síndrome de Down y otras, como así también enfermedades que afecten la función metabólica, neurológica, etcétera.
En casos de incompatibilidad Rh, el contenido de bilirrubina en el líquido indicará si el bebé requiere una transfusión intrauterina. El líquido amniótico contiene células de tejidos embrionarios y extra embrionarios diferenciadas y no diferenciadas derivadas del ectodermo, del mesodermo y del endodermo.
No es para nada un procedimiento de rutina. Es el médico el que decide cuándo una embarazada debe someterse a una amniocentesis, generalmente cuando existe algún factor de herencia genética o cuando la edad de la gestante puede predisponer en mayor medida a los trastornos que detecta tempranamente.
Se realiza entre la semana 15 a 20 de gestación, cuando es el momento óptimo, ya que luego podría ser más peligroso para el bebé.
Con la ayuda de un escaner de ultrasonido, el especialista extrae con una jeringa una pequeña muestra del líquido.
En algunos casos, permite empezar a tratar tempranamente una enfermedad del bebé.
Existe cierto riesgo de aborto espontáneo al someterse a la prueba, que si bien es bajo es real. Por ello debe evaluarse muy bien la situación antes de realizar la amniocentesis. Otro dato paralelo es que nos dice tempranamente el sexo del bebé, con una exactitud total, pues se analizan los cromosomas de la criatura.
Vía: Blog Bebés

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