
Todos sabemos que a los recién nacidos hay que sujetarles las cabecitas con mucho cuidado, puesto que de lo contrario no pueden sostenerlas. Aprendamos el por qué de esta cuestión.
Cuando nacemos, la cabeza representa la parte más grande del cuerpo, en cuanto a tamaño y peso. Además, los músculos del cuello no están plenamente desarrollados, por tanto es imposible que el recién nacido mantenga su cabeza firme si no se la sujetamos.
Lo mejor para sostener a un bebé es tomarlo con la palma de una de las manos por la espalda y sostener su cabeza, y la otra mano en la colita para poder sostener correctamente su columna.
También podemos recostarlo sobre un hombro, pero teniendo en cuenta de seguir sosteniendo la cabeza para que no se les vaya para atrás. Es realmente molesto para el bebé permanecer con su cabeza colgando. Sólo el pediatra en la consulta de rutina deja unos instantes que esto ocurra – para chequear el desarrollo de estos músculos en cuestión –, pero no debemos hacerlo en casa.
Lo mejor es dejar al niño todos los días un rato boca abajo para ayudar a fortalecer la espalda y el cuello, pero siempre bajo estricta supervisión. Hacia los tres meses de vida, debe ser capaz de incorporarse solo.
Vía: Guía de Bebés

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