
Los efectos nocivos de no llevar una vida saludable en el embarazo pueden alcanzar no sólo al bebé, sino a una generación subsiguiente, tal como demuestra el estudio realizado por el Centro Médico de la Universidad de Georgetown presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Cáncer.
Esta investigación realizada en animales, comprobó que una dieta alta en grasas durante el embarazo no sólo aumenta las posibilidades de que las hijas padezcan cáncer de mama, sino que esa misma predisposición aumentada pasaría a las nietas de esa gestante.
Al parecer, la dieta elevada en grasas produce cambios epigenéticos que pasarían a la hija de la persona, y también a la generación siguiente. También, la mayor tendencia al cáncer de mama pasaría a los bebés varones, que a su vez se los podrían retransmitir a sus hijas.
Así, las hijas de un macho y una hembra que habían sido gestados por madres con una dieta alta en grasas tenían un 80% de posibilidades de padecer este tipo de cáncer, mientras que si uno solo de los progenitores estaba en esta condición, la posibilidad fue de un 69%.
Este estudio implica que las madres deben llevar una dieta equilibrada en la gestación, ya que los riesgos potenciales no sólo afectarían a sus hijos, sino a sus nietos.
Vía: ADN
