
Las futuras mamás, que llevan a sus hijos en el vientre, deben prestar especial atención a su salud cardiaca en ese momento tan especial de sus vidas.
Es que la gestación supone al corazón un 50% más de esfuerzo para sobrellevar la carga de todo el proceso. Por ello, alguna patología cardiaca preexistente debe ser considerada antes de comenzar el embarazo, y controlada durante el mismo.
Ocurre que las enfermedades cardiacas la primera causa no obstétrica de morbilidad y mortalidad materna en el embarazo, de manera tal que el riesgo es de importancia si no se controlan debidamente.
Así, las mamás deben llevar hábitos saludables: no fumar, llevar una dieta baja en sodio, realizar ejercicios, controlar el peso corporal, entre otras medidas de salud.
En el caso de una mujer cardiópata, resultará imprescindible seguir las indicaciones de un equipo médico multidisciplinar, porque un perfil de este tipo requiere tener presente el riesgo materno y fetal, considerándose como de alto riesgo.
Las principales modificaciones que debe afrontar el corazón de la embarazada son el incremento del volumen sanguíneo, la frecuencia cardiaca y el gasto cardiaco, es decir, la cantidad de sangre expulsada del corazón, y un descenso de la tensión arterial diastólica y sistólica.
Debido a esta situación hiperdinámica, prácticamente todas las mujeres en cinta presentan un soplo suave en el corazón que no conlleva ningún problema añadido y que desaparece tras el parto.
La incidencia de tromboembolismo pulmonar en el embarazo y el puerperio (cuarentena), se estima entre 1 de cada 1.000 y 1 de cada 3.000 partos, y la mortalidad en alrededor de 1 de cada 100.000 embarazos.
Vía: ABC.es