La pérdida de peso del recién nacido

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Durante sus primeros días de vida, es totalmente normal que el bebé pierda un poco de peso, una situación que puede ser un poco alarmante en especial para padres primerizos, pero que está completamente prevista por la naturaleza, por ello la pérdida de peso del recién nacido no debe asustar.

Lo importante en estos casos es controlar que el peso perdido no exceda la cantidad esperada, y que el bebé sea capaz de recuperar su peso de nacimiento alrededor de la segunda semana de vida. Lo esperable es que esa pérdida de peso oscile entre el 10% y el 12% de su peso corporal en sus primeros días y lo empiezan a recuperar poco a poco a partir del día 10 desde el nacimiento.

Existen diversas causas por las cuales se produce la pérdida de peso en el recién nacido, como dijimos, todas previstas por la naturaleza. La primera es que el bebé es inexperto en la succión. Debe aprender a alimentarse a pesar de que nacen con el reflejo. Para el bebé es un esfuerzo enorme comer, en especial si toma el pecho materno, y suelen quedarse dormidos a mitad de la toma.

También puede ocurrir que simplemente esea dormir, y haya que despertarlo para que coma. En esos primeros diez días, es importante insistirle para que se alimente. Es buena idea hacerlo luego del cambio de pañal, que los incomoda un poco y los despierta, también se les puede tocar o humedecer ligeramente la mejilla, o desarroparlos un poco.

Pero además, el bebé nace con un excedente de líquidos en su cuerpo que no está dentro de sus vasos sanguíneos ni de sus células, simplemente porque ha estado viviendo en el líquido amniótico durante todo ese tiempo, con los días ese líquido en exceso se elimina mediante la orina.

El bebé nace con un exceso de agua que no está dentro de los vasos sanguíneos ni dentro de las células, por el solo hecho de haber estado en líquido amniótico durante el embarazo. Este exceso de líquido se elimina a través de la orina.

Además, una vez que comience a alimentarse, el bebé realizará su primera deposición intestinal, llamada meconio. Está formada por restos de células de la pared intestinal, de la piel y del vello y por líquido amniótico que el feto ha tragado. El volumen de meconio varía, pero se calcula en unos 10 gramos por kilo de peso del bebé.

En el caso de que se opte por la lactancia materna, hay que considerar que la leche madura tarda hay que tener en cuenta que la produce hasta 96 horas en bajar – incluso en algunas mamás, puede tardar un poco más. Mientras tanto, el bebé se alimenta de calostro, una sustancia muy rica en proteínas y anticuerpos, pero no tan calórica como la leche.

Será el pediatra de cabecera quien controle el peso del bebé e indique si la pérdida ha sido demasiada – señal de que podría no estar alimentándose debidamente. Para los padres, una forma de controlar que todo marcha bien con la alimentación del bebé es verificar si moja un mínimo de seis pañales al día y si hace caca al menos día por medio, pues eso significa que está bien alimentado. No obstante, hay casos en los que esto no se da y aún así el bebé este bien, pero conviene consultar al pediatra.

Si el pequeño no recupera el peso con el que nació entre los 10 y 15 días de vida, es el pediatra quien evaluará la manera de corregir la situación.

La mejor forma de evitar un descenso de peso brusco y de asegurar al bebé una buena nutrición, es el inicio precoz de la lactancia materna. Colocar a tu bebé al pecho en forma frecuente lo más inmediatamente posible tras el nacimiento, estimula tanto la bajada de la leche como la succión eficiente del bebé.

Los recién nacidos de bajo peso, con un peso inferior a 2.500 g suelen perder menos peso que los que nacen más grandes, pues tienen menos líquido, no obstante con ellos es necesario realizar un seguimiento más minucioso.

Vía: Bebés en Camino

 

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Acerca de Natalia Vidoz

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