
Hay algunas sencillas medidas no farmacológicas capaces de reducir el dolor de los más pequeños ante diferentes circunstancias.
Hay una gran cantidad de estudios que avalan que a partir del quinto mes de gestación, sino antes, el bebé es capaz de sentir dolor. Sin embargo, entre el 70% y 80% de los fármacos que se utilizan en las unidades de cuidados neonatales como analgésicos no están autorizados, por ello en los recién nacidos se utilizan dosis diluidas.
Por ello, y ante la falta de métodos que hayan probado ser más eficaces, debemos ayudar a los bebés a superar el dolor de una extracción de sangre, de una vacunación, de cólicos o de infecciones habituales como la de oídos.
Para ello, hay cinco medidas que podemos tomar: el amamantamiento y el uso del chupete, que activan las endorfinas, hormonas con efecto analgésico; el contacto piel con piel, como abrazar al bebe, tomarlo de las manos o acariciarlo; una dosis de sucrosa cinco minutos antes y durante el procedimiento; la postura con brazos y piernas recogidos, similar a la del vientre materno, y la reducción de los estímulos externos (luz, ruidos y temperatura ambiente). Y su combinación mejora el resultado, como usar la sucrosa – azúcar – con un chupete mientras la madre carga al bebe.
Así, ayudamos a nuestros hijos a pasar el trance, y además contribuimos a que su memoria del dolor se asocie con un consuelo más rápido, lo que hace que con el tiempo tengan respuestas más atenuadas y mayor tolerancia al mismo.
Vía: La Nación