
La Confederación Española de Familias de Personas Sordas (FIAPAS) ha dado a conocer el dato de que cinco de cada 1.000 recién nacidos tienen problemas de oído, y en el 60% de los casos la causa es genética. Asimismo, entre el 90 y el 95% de estos casos, se dan en hijos de padres oyentes.
Por ello es indispensable que se le practique al pequeño las pruebas de audición correspondientes, ya que su detección en los primeros días de vida le permitirá superar de la mejor manera posible las dificultades en el desarrollo del lenguaje oral y en los aprendizajes posteriores.
Ya desde el sexto mes de gestación el oído humano funciona captando sonidos, y en toda la etapa previa al habla, éste se va desarrollando. Conociendo la existencia de una limitación, es posible encarar terapias que ayuden a que su desarrollo sea mucho mejor que si no se actúa desde el principio.
Las pérdidas auditivas pueden ser unilaterales, es decir, presentes en un solo oído, o bilaterales, en ambos oídos, y también se puede realizar una clasificación de las mismas atendiendo al momento de aparición, la localización de la lesión o bien el grado de la pérdida auditiva.
El Programa de Detección Precoz de la Sordera está vigente desde 2003 y a través del screening auditivo universal que se realiza a los recién nacidos, permite detectar problemas auditivos antes de los tres meses de vida. De esta forma, se puede lograr muchos avances antes de la etapa del desarrollo oral entre los 0 y los 3 años. Es importante destacar que el 80% de las sorderas infantiles permanentes están presentes en el momento de nacer.
Vía: Noticias de Salud