
Los menores de 18 meses son el grupo más afectado por la bronquiolitis, en especial con la llegada del frío, por eso conviene saber qué hacer.
Se trata de una enfermedad causada por un virus que se aloja en las vías respiratorias. Es una infección aguda de los bronquíolos, pequeños conductos de aire de los pulmones.
Nos podemos dar cuenta que el bebé está enfermo si:
Ensancha los orificios de la nariz y contrae los músculos debajo de las costillas haciendo esfuerzo para hacer llegar aire a los pulmones.
Contrae los músculos del estómago y un ruido de “gruñir” al respirar.
Al momento de exhalar (soltar el aire), hace un sonido agudo como un silbido.
Probablemente no pueda ingerir bien los líquidos porque al tener que hacer tanto esfuerzo para respirar se le dificulta el chupar y tragar.
Si es mucha la dificultad para respirar se puede notar un color azulado alrededor de los labios y la punta de los dedos. Esto es signo de que no le esta llegando suficiente oxígeno a la sangre.
Como una consecuencia de la bronquiolitis es la deshidratación, prestemos atención si el pequeño toma menos líquidos, tiene la boca seca, llora sin lágrimas u orina con menos frecuencia de la habitual.
En cualquier caso, ante los síntomas respiratorios debemos consultar al pediatra, ya que si dejamos pasar mucho tiempo el cuadro puede agravarse.
Vía: Telemedik
