
Hoy en día se escucha mucho hablar de lo saludable de consumir ácidos grasos Omega 3 y 6 para la buena salud en general. Lo que muchos no saben, es que los primeros deberían ser indispensables en la dieta de cualquier gestante.
En efecto, consumir ácidos grasos Omega 3 durante el embarazo y lactancia pueden marcar una gran diferencia en la salud del bebé y su madre. Los Omega 3 cumplen un rol sumamente importante en el desarrollo neurológico del niño.
Además, reducen hasta 2,6 veces el riesgo de hipertensión gestacional y optimizan las funciones posturales, motoras y sociales de los bebés prematuros y tienen un efecto positivo en el desarrollo mental del recién nacido de bajo peso. Por el contrario, las deficiencias de ácidos Omega 3 pueden intervenir en aumentar las probabilidades de mortalidad perinatal, como así también alteraciones del crecimiento, cambios en el comportamiento y en el aprendizaje y disminución de la agudeza visual.
Asimismo, hay estudios que comprueban que bajas ingestas de Omega 3 se relacionan con una gestación más corta y menores perímetros cefálicos en recién nacidos.
Son las estructuras nerviosas del bebé las que se benefician o perjudican según si incorporamos en la dieta o no estos ácidos, por ello es que en el tercer trimestre – cuando éstas más se desarrollan – es cuando necesitamos un alto consumo. Los omega-3 deben representar en este período de tiempo hasta un 2% de la energía total de la dieta, el doble que en mujeres en estado normal.
Si damos el pecho, se pierden 70 u 80 miligramos al día de este elemento, además de lo que necesita el propio cuerpo. Por ello, no debes dejar de comer pescados denominados azules o de aguas frías, como el salmón, atún, sardina, caballa, trucha de mar, arenque y otros. Además, ten en cuenta agregar a tus comidas semillas de lino, de chía, el sacha inchi (48% de Omega 3), los cañamones y las nueces.
Si no te gustan estos alimentos, considera con tu obstetra la posibilidad de consumir suplementos vitamínicos.
Vía: Puleva Salud