
Entre la segunda y tercera semana de vida el recién nacido se desprende del resto de su cordón umbilical, el mismo que lo mantuvo unido a su madre y lo alimentó por nueve meses. Hasta entonces, es sumamente importante que se lo cuide adecuadamente para evitar infecciones y otras complicaciones.
Luego de que se desprende el resto de cordón, aún hay que esperar de tres a cinco días para que se cicatrice por completo el ombligo. Si embargo, estos plazos no son los mismos para todos los bebés: algunos pueden tardar más o menos.
Si al mes del nacimiento el cordón aún no se ha caído, es hora de consultar al pediatra pues puede tratarse de una anomalía.
Muchos pediatras están de acuerdo con que no hay problemas de bañar al bebé antes de que se caiga su cordón, siempre y cuando se seque perfectamente la zona. Otros, en cambio, lo desaconsejan: consulta con el tuyo.
Para limpiar la zona, lo ideal es alcohol al 79% – más suave que el de 96% habitual –, o bien clorohexidina. Se debe envolver el cordón en una capa de gasa empapada en alcohol. Nunca utilizar algodón porque deja pelusas. Tampoco productos a base de yodo, porque la delicada piel lo absorbe y puede causar problemas de tiroides. El mercurocromo no es tóxico pero es rojizo, y por lo tanto puede tapar algún indicio de infección, a los que debemos estar atentos.
Hay que tratar de que el nudo no roce la ropa del niño, para ello se puede cubrir la zona con el pañal y no tironear el cordón, ya que éste se caerá por sí mismo. Cuando esto haya ocurrido, hay que seguir limpiando la zona del ombligo por unos días más.
Los signos de alerta ante los cuales debemos concurrir de inmediato al médico son hinchazón, enrojecimiento, pus o un sangrado constante. Un poco de sangrado es algo normal, pero si se da con frecuencia hay que consultar al doctor.
Vía: Revista Carrusel
