
A medida que crecen, los niños logran superar la angustia que les provoca separarse de sus padres, no bien se dan cuenta de que no serán abandonados y refuerzan su seguridad. Pero muchas veces se valen de lo que se conoce como el objeto transicional: algo sobre lo que depositan esa seguridad y los hace sentirse acompañados hasta que pueden estar otra vez con mamá o papá.
Este apego por un objeto se da cuando comienzan a caminar y logran despegarse cada vez más de sus padres, y este objeto puede ser un animalito de peluche, una cobija, un trapo, el chupón, o lo que el niño haya escogido.
Representa la seguridad que le brindan sus padres y sirve para cuando ellos no están: porque se han ido y están al cuidado de otra persona, porque están aprendiendo a dormir solos en sus propios cuartos, o situaciones similares.
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