
Durante mucho tiempo se les dijo a las madres en proceso de dar a luz que no debían comer nada, porque llegado el caso de tener una cirugía de emergencia y requerir anestesia, un estómago lleno no es de gran ayuda.
Pero los autores de Cochrane Library, una publicación de Cochrane Collaboration – organización internacional que evalúa las investigaciones médicas – concluyó en lo que en muchas maternidades ya se está implementando: si el parto es de bajo riesgo, no hay motivo para negarle a la embarazada líquidos y alimentos.
En principio se puede administrar una dieta líquida liviana, con jugos de frutas, gelatina, y caldos. Pero si el trabajo de parto se prolonga, no hay motivo para pasar hambre, aunque claro que los refrigerios ligeros son mejores porque no queremos una indigestión en pleno trabajo de parto.
