
Hay una variedad del trastorno por estrés postraumático que se relaciona directamente a la experiencia de partos difíciles, donde por algún motivo la salud y hasta la vida de la madre o el bebé corrieron peligro.
El Trastorno de estrés postraumático es aquel en el cual la persona manifiesta diferentes síntomas luego de sufrir una experiencia traumática, como puede ser un accidente, una catástrofe, muertes, delitos, guerras o violaciones. Pero si el parto es especialmente complicado y si además la mujer no es bien tratada por el entorno que la atendió en ese momento, pueden quedar secuelas a nivel psicológico.
Entre los síntomas de este trastorno encontramos que el evento traumático es reexperimentado de diversas formas, con pensamientos intrusivos, sueños recurrentes, malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático, respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
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Un procedimiento diagnóstico denominado imaginología por resonancia magnética es capaz de detectar una complicación potencialmente peligrosa para la madre durante el parto.
Conocida como placenta adherida, esta condición ocurre cuando la placenta se implanta demasiado profundamente en el tejido del útero, lo que hace que al momento del parto se puedan producir desgarros y comprometidas hemorragias.
Circunstancias como mayor prevalencia de cesáreas y mujeres que tienen hijos a mayor edad, han aumentado en los últimos años el porcentaje de casos de placenta adherida.
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Cuando el embarazo se prolonga hasta la semana 42, algo que se da en el 5 y el 8% de los casos, se lo conoce como parto postérmino, y es una condición en la que hay que tomar precauciones pues puede traer algunos inconvenientes.
También llamado embarazo en vías de prolongación, tiene mayor riesgo de asfixia y de presencia de meconio en el líquido amniótico – materia fecal del bebé –. Por ello, hay que realizar una minuciosa monitorización del embarazo para asegurar el bienestar de la criatura.
Hay que vigilar que frecuencia cardíaca fetal para detectar precozmente signos de asfixia. Es frecuente observar desaceleraciones de tipo variable debido a la compresión del cordón umbilical secundario al oligoamnios.
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Aunque pueda sonar a método del siglo pasado, el parto instrumental o con uso de fórceps es mucho menos frecuente que hace unas cuantas décadas, pero aún se utiliza. Se trata de unas pinzas o espátulas que le sirven al obstetra para tomar la cabeza del niño y sacarlo por el canal de parto. A veces, también se puede emplear una suerte de ventosa con el mismo fin, pero afortunadamente es el último recurso al que se apela cuando por algún motivo el bebé no logra salir.
En la mayoría de los partos, cuando se presenta una dificultad los médicos se inclinan por una cesárea. Por ello, el fórceps ya no se usa como antes para extraer al bebé unos 10 centímetros, sino apenas dos o tres, cuando ya es inviable que salga de otra manera porque se encuentra en el último tramo del canal. De esta forma, la presión que se ejerce es menor y por un tiempo muy corto, lo que reduce notablemente el riesgo de daño al pequeño. No se ejerce fuerza con el instrumento, sino que apenas se lo ayuda a salir, como si se tratase de un calzador. La que puja es la madre.
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