
Cuando los hijos comienzan a crecer, los padres se topan con una situación que pone a prueba su capacidad de educarlos: cuando se los pilla mintiendo.
¿Qué hacer? ¿Se lo castiga o regaña? ¿Hasta qué punto es normal que los niños mientan? En principio, mentir forma parte del desarrollo, tiene que ver con reconocer la reacción del otro y lo que el otro espera, y adaptar el discurso a ello a pesar de que la realidad es otra.
Los pequeños tienen una gran imaginación, y les gusta inventar historias, hasta cierto punto no son muy concientes de la diferencia entre la realidad y lo que ocurre en sus mentes. Así, se estimula su imaginación y su capacidad de expresión en el lenguaje.
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