
Un grupo de científicos ha llegado a la conclusión a partir de un estudio de que los bebés de todo el mundo no lloran de la misma forma, aunque a nuestro oído pueda parecerle que sí.
Desde los primeros días de vida, lloran en el idioma de sus padres. Ya en el útero oyen la lengua de su madre y la distinguen, con lo cual el llanto es diferente en cada uno de ellos.
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