
En Australia ocurrió una historia que una vez más demuestra que para el recién nacido nada es más importante que su madre, aún cuando sus condiciones de salud sean las peores.
Una mujer de nombre Kate dio a luz a gemelos prematuramente, a las 27 semanas de gestación. Mientras que la niña Emily logró ser estabilizada, el niño Jamie fue considerado muerto.
Fue entonces cuando los médicos entregaron al pequeñito a sus padres para que se despidieran de él. La mamá lo apretó contra su pecho, y lo tuvo así durante dos horas, en las cuales le habló y lo acarició.
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