
Un estudio realizado por la Universidad West Virginia, de Estados Unidos, se aventuró a investigar el penoso sueño de las mamás – y en muchos casos también los papás – durante los primeros meses de vida de su primogénito.
Así, se llegó a la conclusión que si bien a lo largo de la noche suelen cumplir con las siete horas de sueño necesarias para que un adulto se mantenga saludable, lo que ocurre es que las numerosas interrupciones hacen que ese descanso no sea de calidad, y por tanto al día siguiente se sienten fatales.
En total, las mamás pasan algo de dos horas despiertas por noche, lo que influye negativamente tanto en su estado de ánimo – predisponiéndolas a la depresión posparto – como también al retomar sus tareas laborales y descubrir que no rinden lo mismo que antes.
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