
Un estudio llevado a cabo en la Universita Federico II de Nápoles, Italia y publicado en la revista Pediatrics llegó a la conclusión de que aquellos bebés alimentados a pecho están protegidos de la fiebre que suele producirse luego de una vacunación.
Los bebés reciben en sus primeros meses de vida una batería de vacunas que previenen la aparición de toda clase de enfermedades graves, algo que a lo largo del siglo XX y lo que va del actual, ha logrado reducir considerablemente la muerte infantil.
Sin embargo, la respuesta inmune que se produce tras una vacuna suele provocar fiebre. Pero aquellos bebes amamantados por sus madres tienen menos posibilidades de que esto ocurra, y aún si así se da, es un episodio de fiebre de menor duración.
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